Los humedales protegidos de La Araucanía emergen como reservorios estratégicos de agua y biodiversidad, claves para enfrentar el cambio climático, proteger el patrimonio biocultural mapuche y asegurar la resiliencia hídrica del territorio.


En medio de una creciente crisis climática y presión sobre los recursos naturales, los humedales ubicados en las Áreas Protegidas de la Región de La Araucanía se consolidan como verdaderas infraestructuras naturales para la seguridad hídrica, la conservación de la biodiversidad y la resiliencia territorial.

Se trata de 31 cuerpos de agua altoandinos, distribuidos en parques y reservas regionales, que abarcan una superficie aproximada de 1.722 hectáreas y cumplen un rol crítico en la regulación del ciclo del agua, el almacenamiento hídrico y la estabilidad ecológica de cuencas estratégicas para comunidades, agricultura y turismo.

Estos ecosistemas funcionan como esponjas naturales que capturan, almacenan y liberan agua gradualmente, reduciendo el riesgo de sequías, inundaciones y degradación del suelo. En un contexto de disminución de precipitaciones y aumento de temperaturas, su protección se vuelve una prioridad ambiental y de política pública.

“Los humedales al interior de las Áreas Protegidas son reguladores naturales del agua y refugios de biodiversidad. Su conservación es clave para enfrentar el cambio climático y asegurar el equilibrio ecológico que sustenta a comunidades y actividades productivas”, explicó César Ibáñez, jefe del Departamento de Áreas Protegidas de CONAF La Araucanía.


Biodiversidad única y patrimonio biocultural en riesgo

Los humedales altoandinos de La Araucanía destacan por su alta biodiversidad, albergando especies adaptadas a condiciones extremas y ecosistemas frágiles que dependen de la estabilidad hídrica. Están rodeados por bosques de araucaria y especies del género Nothofagus, lo que refuerza su valor ecológico, paisajístico y turístico.

Uno de los casos emblemáticos es el Lago Quillelhue, ubicado en el Parque Nacional Villarrica, con una superficie de 135 hectáreas. Este sistema forma parte del Sistema Hidrológico Lagos Andinos Araucanos y drena hacia el río Trancura, un afluente clave para la pequeña agricultura indígena, la comuna de Curarrehue y el Lago Villarrica, uno de los principales polos turísticos del sur de Chile.

Además de su función hídrica, los humedales capturan carbono, filtran contaminantes, mejoran la calidad del agua y actúan como barreras naturales frente a eventos extremos, contribuyendo a la adaptación territorial frente al cambio climático.

Desde una perspectiva biocultural, estos ecosistemas son conocidos por el pueblo mapuche como menokos, espacios sagrados de alto valor espiritual, ecológico y cultural, fundamentales para la vida comunitaria y la transmisión de conocimientos ancestrales.


Conservación estratégica frente a la presión ambiental

Especialistas coinciden en que la protección efectiva de los humedales es una de las estrategias más costo-eficientes para enfrentar la crisis hídrica, fortalecer la biodiversidad y garantizar servicios ecosistémicos esenciales. Sin embargo, estos ecosistemas enfrentan amenazas crecientes asociadas al cambio de uso de suelo, proyectos extractivos, turismo no regulado y fragmentación del hábitat.

En este contexto, las Áreas Silvestres Protegidas administradas por CONAF se posicionan como un pilar clave para la conservación y la planificación territorial sustentable, permitiendo resguardar ecosistemas críticos y asegurar la disponibilidad de agua para las futuras generaciones.

La protección de los humedales no solo es una medida ambiental, sino una inversión estratégica en seguridad hídrica, resiliencia climática y patrimonio natural, reforzando el rol de La Araucanía como uno de los territorios con mayor riqueza ecológica del país.

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