Agustín Villablanca

Trabajador social

Nos hablan de seguridad con soberbia y arrogancia, haciendo oídos sordos a lo que vive actualmente la ciudadanía. Esta desconexión se manifiesta de manera alarmante en la Región de la Araucanía, donde las sombras de la corrupción y la incompetencia acechan a varios “líderes”.

Recientemente, hemos presenciado con estupor cómo un candidato al sillón municipal de Victoria Patrick Casanova, termina en prisión preventiva, acusado de violación a menores de edad. Denuncias que lamentablemente se han hecho muy común en la región. Lo ocurrido con Patrick Casanova, no se trata de incidentes aislados, sino de una repetida tragedia en las filas del Partido Republicano, con tres casos similares ya registrados.

En Lautaro, la situación es igualmente desoladora. La actual administración, ratificada por concejales de centro izquierda y derecha, hace unas semanas, pese a que la evaluación es pésima de parte de la ciudadanía, de la comuna se encuentra en un estado de decadencia alarmante. La inseguridad ha alcanzado niveles críticos, con delitos como portonazos balaceras en zonas urbanas y robos a plena luz del día. Pero lo más preocupante es lo que sucede en los establecimientos educativos, donde agresiones físicas gravísimas ocurren en la puerta y al interior de la institución educativa. El 22 de julio, una riña entre estudiantes estalló a pocos pasos del liceo, mientras la encargada de convivencia escolar se encontraba en el municipio, participando en una presentación de ella como presidenta de la directiva del Club de Leones junto al alcalde. Este acto, aparentemente inofensivo, revela una desconexión abismal y una negligencia inexcusable hacia la seguridad y bienestar de nuestros estudiantes.

Estos episodios no son meros fallos administrativos; son síntomas de un mal más profundo. Donde se priorizan las apariencias y las fotografías, dejando de lado las verdaderas necesidades de la comunidad.

La seguridad se desmorona, el miedo se propaga y la incompetencia se convierte en la norma. Es urgente que nos cuestionemos la calidad de nuestros líderes y la eficacia de nuestras políticas públicas. No podemos permitir que la Araucanía, ni ninguna otra región, siga siendo rehén de la ineptitud y la desidia. Es tiempo de exigir rendición de cuentas y compromiso real con la ciudadanía. La seguridad y el bienestar no pueden ser solo palabras vacías; deben traducirse en acciones concretas y efectivas.

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