Ricardo Patricio Celis Araya

Senador Electo


Hoy viví un cierre que cuesta poner en palabras: terminé mi último turno como médico después de más de 40 años. No es un adiós a la medicina. Es el fin de una etapa de vida que me formó, me exigió y me regaló una de las mayores responsabilidades que puede tener una persona: cuidar a otros cuando más lo necesitan.

La pega médica tiene un lado invisible. Son turnos de 24 horas, noches largas, cansancio acumulado y, muchas veces, fechas que uno quisiera vivir en casa: cumpleaños de los hijos, aniversarios, Navidad o Año Nuevo. Es una profesión que te pide presencia incluso cuando la vida personal se detiene. Y aun así, vale la pena.

Vale la pena por lo esencial: estar. Estar cuando alguien llega con miedo, cuando una familia espera una noticia, cuando una mujer trae al mundo a su hijo y necesita atención y seguridad. En esos momentos uno entiende que la medicina no es solo una disciplina; es una forma de servicio.

Seguiré atendiendo en mi policlínico una vez por semana, porque mi vocación no se apaga. Se transforma. Y esa transformación tiene un sentido: seguir empujando cambios que todavía faltan, para que la salud sea más digna, más oportuna y más humana. Mi compromiso sigue intacto, especialmente con quienes esperan en listas de espera y con quienes sienten que el Estado no siempre ha estado a la altura.

Gracias a cada paciente y a cada equipo de salud que me acompañó en este camino. Hoy cierro una etapa, pero sigo en la misma causa: cuidar. Desde el 11 de marzo, lo haré también como senador, trabajando por una Araucanía mejor para todos y todas.

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