Dra. Agnieszka Bozanic
Presidenta Fundación GeroActivismo
En Chile se habla poco de la soledad en las personas mayores, pero sus efectos son tan graves como los de cualquier enfermedad crónica. La soledad aumenta el riesgo de depresión, deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares y mortalidad prematura. No es un asunto de compañía ocasional: es un problema de salud pública que requiere respuestas concretas.
El Programa Más Adulto Mayor Autovalente (Más AMA) ha sido una de esas respuestas. Desde su creación en 2015, ha ofrecido a miles de personas mayores un espacio de encuentro, ejercicio físico, estimulación cognitiva y participación social. Hoy está presente en más de 250 comunas y beneficia a cerca de 200.000 personas mayores cada año. Más allá de los talleres o las rutinas de prevención de caídas, lo que entrega el programa es vínculo: la posibilidad de pertenecer a un grupo, de sentirse útil —incluso convirtiéndose en líderes comunitarios—, de tener un motivo para salir de la casa y compartir con otras personas.
Quienes participan en el Más AMA no solo ejercitan su cuerpo y mente, sino que también construyen comunidad y promueven derechos reconocidos en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores: el derecho a la vida y la dignidad en la vejez (art. 6), el derecho a la autonomía (art. 8), el derecho a la participación e integración comunitaria (art. 9) y el derecho a la salud (art. 17). Allí donde otras políticas llegan tarde, el Más AMA se anticipa: evita la dependencia, mejora la calidad de vida y reduce futuros costos en cuidados y hospitalizaciones.
Eliminar este programa sería un golpe directo a la lucha contra la soledad. Sería retirar uno de los pocos espacios que hoy existen para que las personas mayores construyan redes, fortalezcan su autonomía y encuentren compañía en sus propios barrios. Sería también desconocer lo que la ciencia ya ha demostrado: que la soledad mata, y que prevenirla es tan urgente como controlar la hipertensión o la diabetes.
En un país que envejece rápido y con profundas desigualdades, el Más AMA no es un lujo: es una necesidad. Suprimirlo no solo recortaría presupuesto, recortaría vínculos, recortaría salud y recortaría vida. Sería dar un paso atrás en una década de avances y un mensaje claro de desprotección hacia quienes han construido este país.
La soledad no se combate con discursos, se combate con programas como el Más AMA. Por eso, defenderlo es defender el derecho a envejecer acompañados, dignos y plenos. No es un asunto técnico ni presupuestario: es un tema de justicia social.
