por: Alfredo Vallejos Provoste
Ingeniero Civil
En el debate sobre la llamada “reconstrucción” que impulsa el gobierno, hay un punto que no podemos perder de vista: la logística central de este proyecto es tributaria. Y es precisamente en ese terreno donde nuestro Senadores, no debe transar. Porque lo que está en juego no es un detalle técnico, sino la estabilidad social y económica del país.
El empresariado chileno se mueve por ideología, más que por rentabilidad. Esa es su marca distintiva y su gran problema. No buscan un mercado atractivo para todos, sino remarcar la brecha entre ricos y pobres, entre patrón y empleado. El empresario chileno no quiere encontrarse con sus trabajadores en Brasil o Miami; quiere que cada cual permanezca en su lugar.
Esta reforma tributaria no está pensada para abrir oportunidades ni para impulsar el desarrollo social. Es una reforma ideológica, disfrazada de técnica.
El argumento de que la inversión extranjera necesita invariabilidad tributaria por 25 años es una farsa. Los inversionistas internacionales han sido claros: lo que buscan son países con estabilidad social y reglas económicas claras. No requieren privilegios eternos, sino certezas. Y si la rebaja tributaria se hace a costa de beneficios sociales, lo que se genera es inestabilidad. Ninguna empresa extranjera invertirá en un país que sacrifica cohesión social por ventajas fiscales para unos pocos.
La clase media ya ha cargado con los costos de colusiones, abusos del retail y golpes silenciosos a sus bolsillos. Ahora se pretende que vuelva a pagar el precio de una reforma que acentúa privilegios y abre la puerta a un nuevo estallido social. No escondamos el tema: si se aprueba tal como está, contribuirá a desórdenes e inestabilidad que derrumbarán la imagen construida en Chile durante las últimas décadas.
Por eso, nuestro senador no debe transar.
La invariabilidad tributaria, la desintegración del sistema y las rebajas que benefician a los más ricos son líneas rojas. Si el gobierno quiere imponer esta reforma con un voto más, que lo haga, pero no con el nuestro. Porque este será el programa desde el cual defenderemos la estabilidad social y económica del país. Y quienes apoyen esta reforma deberán asumir el costo político de haber contribuido a un futuro de inestabilidad y fractura social.
