por: Daniel Sandoval

Periodista


El proyecto de relleno sanitario Pintamahuida, en Lautaro, contempla unas 100 hectáreas, recibir cerca de 667 toneladas de residuos diarios y acumular más de 2,8 millones de toneladas durante 15 años. Su amplio rechazo por parte del municipio, organizaciones sociales, comunidades y distintas fuerzas vivas de la comuna ha instalado un debate que va mucho más allá de este proyecto.

La pregunta de fondo es simple, pero urgente: ¿quién está definiendo dónde y bajo qué condiciones queremos desarrollar La Araucanía? Necesitamos resolver nuestros residuos, contar con plantas de tratamiento, infraestructura energética, caminos, actividad productiva y nuevas inversiones, incluso tendremos que discutir dónde y bajo qué condiciones se instalarán proyectos tan sensibles como una futura cárcel fuera de Temuco.

El problema es que seguimos enfrentando estas decisiones proyecto a proyecto y conflicto a conflicto, sin una planificación territorial regional que permita anticipar dónde queremos que determinadas actividades se desarrollen y dónde definitivamente no.

Ahí está una de las grandes deudas del Gobierno Regional: el ordenamiento territorial no ha tenido la prioridad que merece y mientras eso no cambie, seguiremos llegando tarde a conflictos que podrían anticiparse mediante una política clara y participativa.

El Plan Regional de Ordenamiento Territorial (PROT) es la herramienta que permite planificar y orientar el uso del territorio, definiendo dónde y bajo qué condiciones pueden desarrollarse distintas actividades e inversiones, compatibilizando crecimiento económico, protección ambiental, identidad territorial y calidad de vida, donde su reglamento, publicado en el Diario Oficial en marzo de este año, ya entrega el marco para hacerlo operativo.

Una verdadera política de ordenamiento territorial permitiría definir, con participación efectiva de municipios, comunidades mapuche, organizaciones sociales, agricultores, empresarios, trabajadores, universidades y organizaciones ambientales, qué territorios queremos proteger, cuáles desarrollar y qué actividades son compatibles con cada uno.

Esto no significa ponerle un freno a la inversión, al contrario, ordenar el territorio entrega certezas a quienes invierten, protección a quienes habitan y legitimidad social a los proyectos. Una región que sabe dónde y cómo quiere crecer también entrega mayor seguridad a sus comunidades y al sector productivo.

Hoy ocurre muchas veces lo contrario, llega un proyecto, después aparece la preocupación de la comunidad, vienen las movilizaciones, las autoridades locales reaccionan y finalmente la región termina enfrentada en una discusión que pudo haberse anticipado.

Pintamahuida es una expresión de ese problema. Podemos discutir sus impactos ambientales, condiciones y viabilidad, pero aun si mañana este proyecto desapareciera, La Araucanía seguiría teniendo que resolver dónde disponer sus residuos y dónde localizar las nuevas infraestructuras que necesita.

Por eso, la discusión no termina en Pintamahuida. La región necesita definir su vocación económica, productiva, ambiental, cultural y social; decidir dónde crecer, qué proteger y cómo compatibilizar inversión con calidad de vida. No podemos construir el futuro de La Araucanía a punta de conflictos socio-ambientales y territoriales.

El desafío del Gobierno Regional es pasar de la reacción a la planificación y convertir el PROT en una verdadera política regional, construida con la ciudadanía y capaz de orientar las decisiones que marcarán el futuro de nuestras comunas.

Porque ordenar el territorio no significa decidir solamente dónde poner un relleno sanitario, significa decidir qué región queremos ser.

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