Durante 15 días, Novena Digital investigó la situación laboral de La Araucanía, contrastando estadísticas oficiales, antecedentes de organismos públicos, análisis académicos y testimonios de personas que llevan meses buscando una oportunidad. El resultado muestra un mercado laboral tensionado: la desocupación llega al 10%, la informalidad alcanza al 35% de los ocupados y la mitad de quienes trabajan recibe $550.232 mensuales o menos por su ocupación principal. A ello se suma una brecha estimada de 37.200 puestos de trabajo para recuperar la tasa de ocupación previa a la pandemia.


Diego lleva aproximadamente seis meses buscando empleo. Al comienzo concentró sus esfuerzos en encontrar una oportunidad relacionada con sus estudios, pero con el paso de los meses comenzó a ampliar el tipo de trabajos a los que estaba dispuesto a postular. Cuando conversó con Novena Digital había enviado alrededor de tres postulaciones y todavía no recibía una citación a entrevista. La falta de respuestas comenzó a modificar incluso sus expectativas: si la situación no cambia, contempla la posibilidad de trasladarse a la Región Metropolitana para encontrar una alternativa laboral.

Rodrigo enfrenta una situación similar, aunque su búsqueda comenzó antes. Busca trabajo desde diciembre de 2025 y estima que ha enviado cerca de 30 postulaciones. Cuenta con experiencia previa en el sector público, donde trabajó a honorarios, pero no ha conseguido acceder nuevamente a una ocupación estable. Mientras intenta generar ingresos por cuenta propia, evalúa también cambiar de rubro e incluso salir del país si no encuentra una alternativa que le permita recuperar estabilidad económica.

Sus experiencias no representan por sí solas al conjunto de las personas desempleadas de La Araucanía. Sin embargo, permiten poner rostro a una estadística que durante meses ha sido observada principalmente a través de porcentajes y variaciones interanuales. Detrás de las cifras existen personas que pueden pasar meses enviando antecedentes sin recibir una respuesta, trabajadores que deben ampliar sus expectativas laborales y familias que enfrentan una incertidumbre que no desaparece simplemente porque una persona permanezca disponible para trabajar.

Los datos oficiales muestran la dimensión de ese problema. En La Araucanía existen actualmente 48.197 personas desempleadas y la tasa regional de desocupación alcanzó el 10% durante el trimestre mayo-julio de 2026, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas. El indicador aumentó 0,8 puntos porcentuales respecto de igual período del año anterior, en un escenario donde la fuerza de trabajo regional creció más rápidamente que la ocupación.

Una fuerza laboral que crece más rápido que el empleo

El comportamiento de la fuerza laboral ayuda a explicar por qué el desempleo continúa elevado incluso cuando el número de personas ocupadas registra algún crecimiento. Durante el último año, la fuerza laboral de La Araucanía aumentó 1,6%, mientras que la ocupación lo hizo solamente en 0,7%. Esto significa que ingresaron más personas al mercado de trabajo buscando una oportunidad, pero el crecimiento de los puestos ocupados no alcanzó para absorber ese aumento.

La diferencia puede parecer pequeña cuando se observa únicamente en términos porcentuales, pero adquiere otra dimensión cuando se traduce a personas. Cada nuevo integrante de la fuerza laboral necesita que exista una oportunidad de empleo disponible para que pueda incorporarse efectivamente a una actividad remunerada. Cuando la cantidad de personas que busca trabajo crece a una velocidad superior a la capacidad de absorción del mercado, una parte termina prolongando su búsqueda o abandonando temporalmente la búsqueda activa.

El fenómeno también aparece en la duración del desempleo. Según el Observatorio Laboral de La Araucanía, el 18,7% de las personas desempleadas lleva un año o más buscando trabajo. En 2025 esa proporción era de 13,8%, por lo que el desempleo prolongado aumentó durante el último año. En términos aproximados, la situación afecta actualmente a unas nueve mil personas.

Esta dimensión resulta especialmente relevante porque no todas las consecuencias del desempleo aparecen inmediatamente en una tasa mensual o trimestral. Mientras más se extiende la búsqueda, mayor es la incertidumbre sobre los ingresos del hogar y más difícil puede resultar para una persona mantener las condiciones laborales que tenía antes de quedar desempleada. El problema, por tanto, no consiste únicamente en cuántas personas están sin trabajo en un período determinado, sino también en cuánto tiempo permanecen en esa situación.

La presión es todavía mayor cuando se incorpora a quienes desean trabajar pero no son clasificados como desempleados bajo la definición tradicional. Durante mayo-julio de 2026, la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial llegó al 23,4%. El indicador permite observar una parte adicional de la capacidad laboral disponible que no queda reflejada en el 10% de desocupación.

La brecha de 37.200 empleos que dejó la pandemia

A esta fotografía coyuntural se suma un problema de carácter estructural. Un estudio del Observatorio Económico y Social de la Universidad de La Frontera estimó que La Araucanía necesita 37.200 empleos adicionales para recuperar la tasa de ocupación que tenía antes de la pandemia.

La estimación parte de una consideración fundamental: la población en edad de trabajar no permanece estática. Desde el período prepandemia aumentó el número de personas que potencialmente pueden participar del mercado laboral. Por esa razón, recuperar solamente la cantidad absoluta de personas ocupadas que existía antes de la pandemia no permitiría necesariamente recuperar la misma proporción de población con empleo.

La cifra de 37.200, por lo tanto, no representa a 37.200 personas que deban agregarse a los 48.197 desempleados actuales. Son mediciones diferentes. Los 48.197 corresponden a personas clasificadas como desempleadas en el período analizado por el INE, mientras que los 37.200 corresponden a una estimación de la cantidad adicional de empleos que serían necesarios para recuperar una determinada tasa de ocupación.

La distinción es relevante porque evita sobredimensionar artificialmente el problema. Pero también permite observar algo que la tasa de desempleo por sí sola no muestra: aun si todas las personas actualmente desempleadas encontraran trabajo, la región seguiría enfrentando el desafío de aumentar su capacidad de generación de empleo para recuperar la relación entre población y ocupación existente antes de la pandemia.

El problema continúa incluso para quienes tienen trabajo

La realidad laboral regional tampoco puede analizarse únicamente desde quienes no tienen empleo. La calidad y los ingresos de los trabajos disponibles constituyen una segunda dimensión del problema.

Según la Encuesta Suplementaria de Ingresos correspondiente a 2025, el ingreso mediano mensual por la ocupación principal en La Araucanía alcanzó los $550.232. Esto significa que la mitad de las personas ocupadas recibió ese monto o menos por su trabajo principal durante el período medido.

El ingreso promedio, en cambio, llegó a $729.127. Ambas cifras describen fenómenos distintos. El promedio puede aumentar debido a las remuneraciones más altas, mientras que la mediana permite identificar el punto que divide a los trabajadores en dos grupos de igual tamaño según sus ingresos. Para observar la situación de la mayoría de los trabajadores, la mediana resulta particularmente relevante.

El mercado laboral regional también presenta una elevada proporción de informalidad. Durante mayo-julio de 2026, el 35% de las personas ocupadas se encontraba en condiciones de informalidad, equivalente a aproximadamente 151.805 trabajadores. Aunque la tasa disminuyó dos puntos porcentuales en doce meses, el fenómeno continúa afectando a una parte importante de quienes tienen una ocupación.

El director del Instituto de Desarrollo Local y Regional de la UFRO, Camilo Rosas Flores, ha planteado que el desafío regional no se limita a aumentar el número de puestos disponibles. Desde su análisis, también es necesario mejorar las condiciones laborales y la capacidad de generación de ingresos, particularmente en trabajadores por cuenta propia y empresas de menor tamaño.

La discusión sobre productividad aparece aquí vinculada directamente con el empleo. Si una empresa pequeña enfrenta dificultades para aumentar sus ventas, invertir y asumir los costos asociados a la formalización, su capacidad para contratar nuevos trabajadores o mejorar remuneraciones también puede verse limitada. Por eso, el problema laboral no depende exclusivamente de los instrumentos diseñados específicamente para desempleados, sino también de la capacidad de la economía regional para generar actividad suficiente y sostenible.

La creación de empleo no ocurre de manera uniforme

Otro elemento que aparece en las estadísticas es que la evolución del empleo está siendo desigual entre los sectores económicos. Durante los últimos doce meses, Salud registró un aumento de 7.788 personas ocupadas y Enseñanza incorporó 4.584. En el mismo período, sin embargo, Comercio disminuyó en 16.518 ocupados e Industria Manufacturera registró una caída de 5.663.

Las variaciones muestran que la región no está experimentando un único comportamiento laboral. Mientras determinadas actividades aumentan su número de ocupados, otras reducen su participación en el empleo. El propio Termómetro Laboral señala que el crecimiento registrado en Salud provino casi íntegramente del sector público, antecedente que resulta necesario considerar al analizar la composición de la nueva ocupación.

El retroceso del Comercio adquiere especial importancia por su peso en la economía cotidiana de las ciudades y comunas de la región. Una disminución de más de 16 mil ocupados no significa necesariamente que esa cantidad de personas haya quedado desempleada, porque las estadísticas de ocupación y desocupación no permiten seguir individualmente la trayectoria de cada trabajador. Sí evidencia, en cambio, una reducción significativa del número de personas ocupadas en una actividad que concentra una parte importante del mercado laboral regional.

La economía crece, pero el resultado no llega de la misma forma a todos los sectores

El mercado laboral tampoco está aislado del desempeño económico general. Durante el segundo trimestre de 2026, el Producto Interno Bruto de La Araucanía creció 0,7% interanual, según el Banco Central. El resultado estuvo asociado principalmente al comportamiento de los servicios personales y la construcción.

Sin embargo, durante el mismo trimestre el consumo de los hogares regionales disminuyó 2,5% y las exportaciones de bienes cayeron 9%. Las cifras muestran que un crecimiento positivo del PIB no implica necesariamente una mejora simultánea de todos los componentes de la economía.

Este contraste es relevante para comprender el mercado laboral. Una región puede registrar crecimiento económico y, al mismo tiempo, mantener dificultades para transformar ese crecimiento en suficientes oportunidades laborales para una población que sigue aumentando y que necesita incorporarse al mercado de trabajo.

En una respuesta entregada a Novena Digital antes de la publicación de los nuevos datos del Banco Central, el seremi de Economía, Carlos Zirotti, había descrito el escenario regional como un proceso de reajuste productivo y planteado la necesidad de fortalecer la inversión y diversificar las actividades económicas.

Capacitación, colocaciones y una pregunta clave: ¿cuántos empleos nuevos?

Para conocer qué están haciendo las instituciones públicas frente a este escenario, Novena Digital inició el 10 de septiembre una serie de consultas que se extendieron durante 15 días. Se solicitaron antecedentes a Sence, la Seremi del Trabajo, la Seremi de Economía y el Gobierno Regional, además de revisar información estadística y análisis académicos.

Sence informó que su última estadística oficial y validada registra 8.671 personas distintas colocadas en empleos formales mediante la red de Oficinas Municipales de Información Laboral, con corte estadístico a abril de 2026. La cifra permite conocer el número de personas que fueron intermediadas y colocadas, pero no permite concluir que se hayan creado 8.671 nuevos puestos de trabajo.

La diferencia no es menor. Una colocación puede corresponder a una vacante existente que fue ocupada por una persona que se encontraba buscando empleo. El resultado es positivo desde el punto de vista de quien consigue trabajo, pero estadísticamente no equivale necesariamente a la creación de un puesto adicional dentro de la economía.

Sence informó además que proyecta desarrollar 72 cursos de capacitación con 1.342 cupos destinados a personas desempleadas. También reportó 9.111 acciones de capacitación mediante Franquicia Tributaria, correspondientes a trabajadores que participan en procesos formativos. Esta última cifra tampoco representa a personas desempleadas que hayan conseguido trabajo.

El economista Pablo Müller, académico de la Universidad Autónoma de Chile, explicó a Novena Digital que la capacitación y la intermediación laboral pueden mejorar las posibilidades de inserción. Sin embargo, ambos instrumentos tienen un límite evidente: si las empresas no tienen capacidad o necesidad de aumentar sus dotaciones, capacitar o intermediar trabajadores no genera por sí mismo nuevas vacantes.

La meta de 4.000 puestos todavía debe transformarse en contrataciones

La Seremi del Trabajo informó que la Mesa Regional por el Empleo estableció como objetivo alcanzar al menos 4.000 nuevos puestos durante el segundo semestre de 2026. Se trata de una meta de política pública que todavía debe medirse contra resultados concretos.

Entre las iniciativas anunciadas aparecen 1.370 cupos asociados a Conaf para labores relacionadas con la temporada de incendios forestales y 1.130 cupos regionales correspondientes al Subsidio a la Contratación. En conjunto representan 2.500 oportunidades contempladas dentro de estos instrumentos.

Sin embargo, los cupos disponibles no pueden contabilizarse automáticamente como puestos de trabajo creados. Al momento de las respuestas entregadas a esta investigación, los procesos todavía debían desarrollarse y las postulaciones permanecían abiertas en parte de las iniciativas.

La propia Seremi del Trabajo indicó que el cumplimiento efectivo de la meta regional comenzaría a determinarse hacia fines de año. Será entonces cuando pueda establecerse cuánto de la cifra anunciada terminó efectivamente convertido en contrataciones.

Recursos públicos y la dificultad de medir su impacto laboral

La investigación también revisó los recursos destinados a programas de fomento productivo, considerando que la generación de empleo depende no solamente de los instrumentos destinados directamente a personas desempleadas, sino también de la capacidad de las empresas y emprendimientos para crecer.

La Seremi de Economía informó cerca de $6.964 millones correspondientes a presupuestos sectoriales destinados durante 2026 a instrumentos de Sercotec, sus Centros de Desarrollo de Negocios y Corfo. Los programas incluyen apoyo a emprendimientos, fortalecimiento empresarial, inversión, diversificación y otras líneas de desarrollo productivo.

El Gobierno Regional, por su parte, informó $8.801 millones en recursos aprobados y/o solicitados para ocho programas ejecutados a través de Sercotec y Corfo. Los antecedentes entregados señalan que cinco de esos programas se encontraban en ejecución y otros tres estaban pendientes de toma de razón en Contraloría.

Por esa razón, los $8.801 millones no pueden presentarse como si correspondieran íntegramente a recursos ya gastados. Tampoco resulta metodológicamente correcto sumar automáticamente esa cifra con los presupuestos sectoriales informados por Economía, porque se trata de fuentes y programas presentados bajo criterios diferentes y sin una conciliación contable que permita determinar una inversión total consolidada.

Pero existe una segunda dificultad: medir cuánto empleo generan realmente esos recursos.

Las respuestas obtenidas por Novena Digital no entregaron una cifra consolidada de puestos nuevos y sostenibles creados mediante el conjunto de los ocho programas regionales. El Gobierno Regional indicó que el levantamiento definitivo corresponde a los servicios ejecutores, Sercotec y Corfo.

El GORE informó además una estimación de 3.217 empleos vinculada a otra cartera de proyectos relacionada con energía, agua, saneamiento e infraestructura pública. Sin embargo, esa estimación no corresponde a los resultados laborales acreditados de los ocho programas de Sercotec y Corfo analizados en esta investigación.

La diferencia entre empleos proyectados y empleos efectivamente generados vuelve a aparecer, por tanto, como uno de los principales desafíos para evaluar las políticas públicas de empleo y fomento productivo.

Una región que necesita empleo y también mejores empleos

La fotografía que dejan los antecedentes recopilados durante estos 15 días es más compleja que una simple tasa de desempleo.

La Araucanía tiene 48.197 personas desempleadas y una tasa de desocupación de 10%. Cerca de nueve mil personas llevan un año o más buscando trabajo. La tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial alcanza el 23,4%, mientras la informalidad llega al 35% de los ocupados.

Al mismo tiempo, la mitad de quienes tienen un empleo recibe $550.232 mensuales o menos por su ocupación principal, según la medición de ingresos de 2025. La UFRO estima que todavía faltan 37.200 puestos para recuperar la tasa de ocupación previa a la pandemia.

Las cifras públicas muestran esfuerzos en distintas áreas: 8.671 colocaciones laborales registradas por Sence, una meta regional de 4.000 nuevos puestos para el segundo semestre, miles de cupos de capacitación y contratación y miles de millones de pesos destinados a programas de fomento productivo.

Pero cada una de esas cifras responde a una pregunta diferente. Una colocación no equivale necesariamente a un puesto nuevo; un cupo no es una contratación; una meta no constituye un resultado; un presupuesto aprobado no equivale a gasto ejecutado; y una estimación de empleos no demuestra por sí sola que esos puestos ya existan.

Por eso, la principal alerta que surge de esta investigación no está solamente en el número de personas desempleadas. Está también en la distancia que todavía existe entre los recursos, programas y metas anunciadas y la posibilidad de demostrar cuántos empleos nuevos, formales, suficientemente remunerados y sostenibles se están generando efectivamente.

Para Diego, Rodrigo y miles de personas que atraviesan una situación similar, esa diferencia metodológica tiene una traducción concreta. No se trata de si una institución contabilizó una colocación, anunció un cupo o aprobó recursos. Se trata de si existe una oportunidad laboral disponible, cuánto paga, cuánto dura y si permite construir una vida con mayor estabilidad.

La Araucanía necesita reducir el desempleo, pero también necesita aumentar su capacidad de generar empleos de calidad. Y mientras esa transformación no pueda medirse en nuevas contrataciones que efectivamente se mantienen en el tiempo, la distancia entre las estadísticas oficiales y la experiencia cotidiana de quienes buscan trabajo seguirá siendo una de las principales señales de alerta para la región.

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