Con un espectáculo que transitó entre el dramatismo teatral y la celebración popular, Mon Laferte revalidó su estatus como la artista chilena más influyente del siglo XXI y se convirtió en la cantante más joven en recibir la Gaviota de Platino en la Quinta Vergara, sellando un vínculo histórico con su ciudad natal.
El silencio fue absoluto. Sobre el escenario de la Quinta Vergara, Mon Laferte apareció vestida completamente de blanco, con una tela cubriendo su rostro y las manos atadas en la espalda. La imagen evocaba la estética de su más reciente disco, Femme Fatale: teatral, intensa, profundamente simbólica.
Antes de que sonara la primera nota, el público ya gritaba lo inevitable: “¡Platino!”. La energía era clara. No era solo un concierto; era una consagración anunciada.
El show abrió con “Mi hombre”, interpretación precisa y contenida. En medio de la canción, desató sus manos en un gesto que se sintió colectivo: la liberación artística y emocional que ha marcado su carrera. Luego vino “Femme Fatale”, donde retiró la tela de sus ojos, revelando una estética cuidada al detalle, con guiños clásicos y dramatismo cinematográfico. Las letras proyectadas en rojo y su rostro en blanco y negro reforzaban la sensación de estar viendo una película en vivo.
Al terminar la segunda canción, rompió en un llanto teatral que erizó la piel del público. La Quinta ya estaba rendida.
La discusión por la Gaviota de Platino
La entrega de la Gaviota de Platino no fue improvisada. En los días previos, la organización del festival —incluyendo al municipio de Viña del Mar, la productora Bizarro y el canal Mega— debatió si Mon cumplía con el requisito tradicional de los 30 años de trayectoria.
La clave estuvo en reconocer sus primeros pasos en la música, incluso antes de su paso por Rojo, validando que su carrera comenzó en festivales locales cuando era niña. La propia artista recordó haber cantado en 1998 en el Festival de la Cebolla, reforzando ese argumento histórico.
El público no tuvo dudas. Tras recibir la Gaviota de Plata y la Gaviota de Oro, la Quinta exigió la tercera. La alcaldesa Macarena Ripamonti apareció en escena y concretó el momento: la Gaviota de Platino ya tenía nombre.
Mon la abrazó junto a las otras dos, visiblemente emocionada. Era un cierre con sabor a justicia poética.
Invitadas, éxitos y conexión total
El espectáculo avanzó hacia el color y la celebración con “Amor completo” y “Si tú me quisieras”, que cerró con un guiño muy chileno que encendió a la audiencia. Mon tomó la guitarra eléctrica, sopló la armónica y manejó los silencios como solo lo hacen las artistas que dominan el escenario.
También hubo espacio para nuevas voces: Akriila y Javiera Electra subieron a interpretar “Pa’ dónde se fue”, en uno de los momentos más íntimos de la noche.
Cuando sonó “Amárrame”, canción popularizada junto a Juanes, la expectativa por una aparición sorpresa creció. No ocurrió, pero la ovación fue igual de potente.
Entre presente y pasado, dramatismo y celebración, Mon Laferte demostró por qué es la artista chilena más influyente de su generación. No fue solo un show: fue una declaración de legado.
