El uso intensivo de computadores, celulares y tablets está provocando una silenciosa epidemia de fatiga visual en Chile. Especialistas alertan que nueve de cada diez trabajadores presentan síntomas que afectan su bienestar, productividad y calidad de vida, mientras aumenta la preocupación por el impacto en niños y adolescentes.
Especialistas advierten que el uso prolongado de computadores, celulares y tablets está provocando un aumento sostenido de problemas visuales que afectan la calidad de vida, el rendimiento laboral y la salud ocular de niños y adultos.
La creciente dependencia de las pantallas en la vida cotidiana está pasando la cuenta a la salud visual de los chilenos. Actualmente, nueve de cada diez personas que trabajan más de tres horas diarias frente a un computador, celular o tablet presentan síntomas asociados a la fatiga visual digital, una condición que especialistas ya consideran un problema emergente de salud pública.
En Chile, la Encuesta Nacional de Empleo, Trabajo y Salud (ENETS) reveló que un 18,4% de las mujeres y un 16% de los hombres reportan molestias oculares como lagrimeo, irritación o visión borrosa, síntomas que cada vez son más frecuentes en las consultas oftalmológicas.
“Hoy vemos cada vez más pacientes jóvenes con ojo seco, cansancio visual al final del día, dificultad para tolerar pantallas, cefaleas relacionadas al trabajo visual y progresión acelerada de la miopía. Muchos presentan exámenes normales, pero síntomas funcionales importantes asociados a una sobrecarga visual sostenida”, explicó el doctor Carlos Daille Vásquez, oftalmólogo de Clini Salud.
¿Por qué las pantallas cansan los ojos?
La denominada fatiga visual digital, también conocida como síndrome visual informático, se produce porque el sistema visual humano no fue diseñado para mantener tareas de visión cercana durante períodos tan prolongados.
Cuando una persona permanece varias horas frente a una pantalla, disminuye significativamente la frecuencia del parpadeo, lo que favorece la evaporación de la lágrima y provoca síntomas como sequedad ocular, ardor, sensación de arenilla, lagrimeo y visión borrosa.
A ello se suma el esfuerzo constante que realizan los músculos encargados del enfoque visual para mantener imágenes nítidas a corta distancia, generando cansancio ocular, dolores de cabeza y dificultades para reenfocar la vista.
“El principal problema que observamos actualmente no es un daño irreversible en los ojos, sino alteraciones funcionales que afectan directamente la calidad de vida. Entre ellas destacan la fatiga visual persistente, el ojo seco, las cefaleas frecuentes, los problemas de enfoque y las alteraciones del sueño”, agregó el especialista.
Aunque la evidencia científica actual no demuestra que el uso habitual de celulares provoque daños permanentes en la retina, sí existe consenso sobre sus efectos negativos en la función visual y el descanso ocular cuando la exposición es excesiva.
Niños y adolescentes: el grupo más vulnerable
La preocupación también se extiende a las nuevas generaciones. Actualmente, niños y adolescentes pasan entre cinco y siete horas diarias frente a pantallas fuera del horario escolar, mientras que cerca del 68% de los adolescentes supera las seis horas de exposición al día.
Según los especialistas, esta situación puede influir directamente en el desarrollo visual durante etapas críticas de crecimiento.
“Los niños son especialmente vulnerables porque su sistema visual aún está en desarrollo. Existe evidencia que demuestra que el exceso de actividades de visión cercana y la disminución del tiempo al aire libre se asocian con una progresión más rápida de la miopía. Además, cada vez observamos más síntomas de fatiga ocular y sequedad visual en edades tempranas”, indicó el doctor Daille.
Cómo prevenir la fatiga visual digital
Frente a este escenario, los expertos recomiendan adoptar hábitos simples pero efectivos para proteger la salud ocular.
Entre las principales medidas destaca la regla 20-20-20, que consiste en mirar durante 20 segundos un objeto ubicado a unos seis metros de distancia cada 20 minutos de trabajo frente a una pantalla.
También se recomienda aumentar conscientemente la frecuencia del parpadeo, mantener una iluminación adecuada en el entorno de trabajo, evitar reflejos en los dispositivos electrónicos, reducir el uso de pantallas antes de dormir y realizar controles oftalmológicos periódicos.
“En la mayoría de los casos no se trata de una enfermedad grave ni produce daños irreversibles, pero sí constituye un problema cada vez más frecuente que impacta la calidad de vida, el rendimiento académico y laboral, además de la salud visual infantil. La prevención y los controles oportunos siguen siendo las mejores herramientas para evitar que estos síntomas se vuelvan crónicos”, concluyó el especialista.
