Por María José Castro Acosta,

académica de la Clínica Jurídica de Derecho UNAB.

¿Qué sucede cuando un niño, niña y adolescente (NNA) decide no seguir el régimen de relación directa y regular (RDR)? Este dilema entre la autonomía progresiva y los derechos de los padres es cada vez más común. Hoy en día, muchos padres se encuentran ante una situación que no era tan habitual hace unas décadas: ¿qué hacer cuando un NNA se niega a cumplir con el régimen comunicacional establecido para el progenitor no custodio? La tensión entre el derecho de un padre o madre a mantener un vínculo con sus hijos y el respeto por la autonomía de los NNA se ha convertido en uno de los grandes retos del derecho de familia en Chile.

El objetivo de la relación directa y regular (RDR) es, en términos generales, asegurar el vínculo afectivo con el padre o madre que no vive con el NNA. Este régimen de comunicación puede ser determinado por un tribunal o acordado entre los propios padres, convirtiéndose en una obligación para el progenitor no custodio. Sin embargo, esta obligación se enfrenta a un nuevo paradigma: los NNA son sujetos de derechos que, a medida que crecen, comienzan a participar activamente en sus vidas, expresando sus opiniones y tomando parte en las decisiones que les afectan.

El cumplimiento de la RDR no puede ser impuesto de manera automática. Según la Ley 21.430 de Garantía de la Niñez, los padres tienen la responsabilidad de fomentar la relación con ambos progenitores, pero esto no es una regla rígida. Los tribunales no ven este deber como una imposición mecánica. Hoy en día, cualquier conflicto relacionado con el cumplimiento del régimen de comunicación debe ser evaluado considerando diversas variables, como la edad del NNA, su madurez psicológica, las razones detrás de su negativa y la posible existencia de factores de riesgo. Esto implica que forzar a un niño, niña y adolescente a relacionarse con alguien que no desea puede no ser la mejor solución.

La autonomía progresiva es un concepto clave que merece nuestra atención. Este principio, que se encuentra en la Convención sobre los Derechos del Niño y está claramente reflejado en la legislación chilena, establece que a medida que los niños, niñas y adolescentes (NNA) crecen, también aumenta su capacidad para participar en decisiones que les afectan. Por lo tanto, es fundamental que se escuche la opinión de un niño y se le tome en cuenta. No es suficiente con que haya una sentencia que establezca una relación directa y regular; es esencial considerar lo que el niño quiere. Los jueces, por lo tanto, no solo se enfocan en hacer cumplir el régimen, sino que también buscan entender por qué un niño puede no querer asistir a ciertos encuentros. Deben investigar las razones detrás de su negativa, ya sea un conflicto de lealtades, un temor legítimo, experiencias de violencia, o simplemente una fase normal de su desarrollo.

Entonces ¿Qué deben hacer los padres cuando su hijo o hija no quiere pasar tiempo con el progenitor que no vive con ellos? Tanto especialistas como tribunales coinciden en que no es correcto obligar a un niño a relacionarse con alguien que no desea. En este tipo de situaciones complicadas, es importante tomar medidas para resolver el conflicto entre el niño y el progenitor no custodio. Primero, se debe informar al tribunal sobre la situación, ya que la inacción podría interpretarse como un obstáculo para el vínculo. También se puede solicitar la opinión del consejo técnico del tribunal de familia o la evaluación de un profesional si es necesario. Además, se puede pedir una modificación del régimen de comunicación, que podría ser reducido o supervisado, dependiendo de las circunstancias. Por último, es crucial intervenir de manera terapéutica, priorizando soluciones que protejan al niño. En casos graves, donde el NNA se niega a relacionarse con su padre o madre debido a experiencias de violencia o maltrato, es aún más importante abordar la situación con sensibilidad y cuidado.

Un cambio cultural que ha llegado para quedarse. La conexión directa y constante no es solo un privilegio de los padres; es un espacio diseñado para cuidar el desarrollo emocional y psicológico de los niños, niñas y adolescentes (NNA). Para que este espacio sea seguro y significativo, es fundamental que se escuche su voz, no solo como un trámite, sino como una parte esencial del proceso.

Las familias deben aprender a navegar en un terreno donde la autoridad de los adultos ya no es suficiente. Se necesita empatía, comprensión y, sobre todo, la habilidad de reconocer cuándo un NNA no quiere relacionarse con su padre o madre porque se siente herido, confundido o asustado, y cuándo ese rechazo es simplemente el resultado de las tensiones del mundo adulto. Forzar una relación a toda costa puede causar más daño que beneficio; ignorar el vínculo también puede dejar cicatrices.

Los padres deben recordar que el objetivo no es ganar una batalla legal, sino algo mucho más importante: asegurar que cada decisión proteja, acompañe y respete el camino emocional de los NNA.

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