¿Puede un artesano regional competir de igual a igual con una multinacional? La propuesta de reservar un 10% de los locales de los malls para emprendedores locales reabre el debate sobre el acceso al comercio, el desarrollo regional y el rol social del retail en Chile.


Mientras un artesano que trabaja la lana en La Araucanía busca un espacio para vender sus productos, una cadena internacional puede instalar una nueva sucursal con relativa facilidad. La diferencia no solo está en el tamaño del negocio, sino también en la capacidad económica para asumir los altos costos de arriendo que suelen existir en los principales centros comerciales del país.

Frente a esta realidad surge una pregunta que comienza a instalarse en el debate público: ¿debería una ley obligar a los malls a destinar un porcentaje de sus locales al comercio local bajo condiciones preferenciales?

Una de las propuestas que ha comenzado a discutirse plantea reservar un 10% de los locales para pequeños emprendedores y artesanos regionales, utilizando un sistema de arriendo indexado a las ventas reales del negocio, en lugar de un valor fijo mensual.

Un modelo pensado para reducir las barreras de entrada

Quienes respaldan esta idea sostienen que el principal obstáculo para las pequeñas empresas no es la calidad de sus productos, sino el elevado costo de ingresar a los grandes centros comerciales.

Con un arriendo proporcional a las ventas, el riesgo financiero disminuiría considerablemente durante los meses de menor actividad, permitiendo que más emprendimientos regionales puedan acceder a espacios de alta circulación de público.

Además, una medida de este tipo podría aportar mayor identidad territorial a los centros comerciales, incorporando productos locales, artesanía, gastronomía y emprendimientos propios de cada región, en lugar de replicar exclusivamente las mismas marcas presentes en distintas ciudades del país.

Los desafíos económicos de una regulación obligatoria

No obstante, la propuesta también genera cuestionamientos desde el punto de vista económico.

Especialistas en desarrollo inmobiliario podrían advertir que imponer cuotas obligatorias de locales con rentabilidad reducida afectaría la viabilidad financiera de nuevos proyectos comerciales, especialmente fuera de Santiago.

Otro de los riesgos planteados es que las administraciones compensen esa menor rentabilidad incrementando el valor de los arriendos del resto de los locales, trasladando finalmente parte de ese costo a los consumidores.

También surge el desafío de establecer mecanismos transparentes para verificar las ventas reales de cada emprendedor y calcular correctamente los arriendos variables, lo que requeriría sistemas de fiscalización eficientes.

Experiencias que muestran alternativas

Aunque la propuesta resulta novedosa como obligación legal, el concepto de arriendos variables no es completamente nuevo.

En distintos países existen contratos comerciales donde parte del arriendo depende del nivel de ventas del establecimiento, especialmente en grandes cadenas y franquicias. Asimismo, algunos mercados y centros comerciales han impulsado programas temporales para incorporar emprendedores locales mediante espacios de menor costo o tiendas colaborativas.

La discusión, por tanto, no se limita únicamente a la fijación del precio del arriendo, sino también al rol que pueden desempeñar los grandes centros comerciales en el desarrollo económico de las regiones.

Más allá de las diferencias sobre su implementación, la propuesta abre una pregunta de fondo: ¿deben los malls cumplir únicamente una función comercial o también asumir un papel en el fortalecimiento del emprendimiento y la identidad productiva local?

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