Por Marcelo Trivelli

Ingeniero civil de la Universidad de Chile

y MBA de Universidad de Berkeley.


El desafío de transformarnos en un electroestado: Chile, la Arabia Saudita del siglo XXI.

Durante el siglo XIX, el carbón impulsó la Revolución Industrial y transformó la economía mundial. Durante el siglo XX, el petróleo se convirtió en la principal fuente de riqueza y poder geopolítico. Basta observar la historia de Arabia Saudita, Rusia o Estados Unidos para comprender cómo los hidrocarburos redefinieron el mapa económico y político del planeta.

El siglo XXI será distinto.

La electricidad será el nuevo motor del desarrollo. La inteligencia artificial, los centros de datos, la minería del cobre y del litio, la movilidad eléctrica, la desalación de agua, el hidrógeno verde y buena parte de las industrias del futuro tienen un elemento en común: todos requerirán enormes cantidades de electricidad limpia, abundante y de bajo costo.

La gran pregunta estratégica para Chile es sencilla: ¿seguiremos pensando como un petroestado o tendremos la visión para convertirnos en el principal electroestado del mundo?

Chile posee condiciones naturales que muy pocos países pueden igualar. El desierto de Atacama concentra una de las mayores radiaciones solares del planeta; nuestros vientos figuran entre los mejores del mundo; contamos con recursos hidroeléctricos y una extensa costa con un enorme potencial energético. La naturaleza ya nos entregó la ventaja competitiva. Ahora nos corresponde tener la inteligencia y la voluntad política para aprovecharla.

El desafío ya no consiste únicamente en generar electricidad. Debemos ser capaces de almacenarla, transportarla y distribuirla eficientemente para transformarla en el principal motor del desarrollo nacional. La inversión en transmisión eléctrica, almacenamiento de gran escala y redes inteligentes debe convertirse en una prioridad estratégica del Estado, acompañada por una legislación moderna que entregue certeza a quienes quieran invertir y responda a esta nueva vocación de país.

Esta decisión también tiene profundas implicancias geopolíticas.

Estados Unidos y Rusia continúan sustentando una parte importante de su poder económico y estratégico en el petróleo y el gas. China, en cambio, comprendió hace años que el liderazgo del siglo XXI dependería de la electrificación de su economía. Hoy lidera la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, paneles solares y buena parte de las tecnologías necesarias para esa transición. Pronto será primera en inteligencia artificial.

Chile no debe copiar ninguno de esos modelos. Debe construir el suyo, porque además del potencial eléctrico, tenemos el cobre, el litio y las tierras raras.

Nuestro país tiene la oportunidad de transformarse en el gran proveedor de energía limpia para la minería del futuro, para la producción de hidrógeno verde y para una nueva industria que crecerá de manera explosiva: los centros de datos de inteligencia artificial. Si a ello sumamos nuestra ubicación privilegiada frente al océano Pacífico y el desarrollo de cables submarinos de fibra óptica, Chile puede convertirse en un nodo digital que conecte América con Asia y Oceanía, y también con África y Europa.

La electricidad nos da la oportunidad de transformarnos en la ventaja competitiva que el petróleo representó para otros países durante el siglo pasado.

Pero nada de esto ocurrirá espontáneamente.

Pensar en grande exige liderazgo político y dejar de lado el sesgo ideológico. Ninguna empresa privada, por importante que sea, tiene la capacidad de conducir la transformación de Chile de esta magnitud. Corresponde al Estado convocar a la sociedad en torno a una visión compartida de largo plazo, generar las condiciones regulatorias, acelerar las inversiones estratégicas y entregar estabilidad política para que el sector privado junto al Estado despliegue toda su capacidad de innovación.

Las grandes oportunidades no esperan para siempre.

Ese sol ilumina el norte de Chile todos los días y el viento sopla fuerte todos los días en la Patagonia. Chile tiene el potencial de convertirse rápidamente en un electroestado y para ello necesitamos la visión, la audacia y el liderazgo para hacerlo realidad.

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