Desde mayo de 2022, miles de efectivos del Ejército mantienen un despliegue permanente en La Araucanía en apoyo a las policías. Una presencia que pasó de ser excepcional a convertirse en parte del paisaje cotidiano de la región.


Desde mayo de 2022, miles de efectivos del Ejército mantienen un despliegue permanente en La Araucanía en apoyo a las policías. Una presencia que pasó de ser excepcional a convertirse en parte del paisaje cotidiano de la región.

La presencia militar en La Araucanía dejó hace tiempo de ser una imagen extraordinaria. Desde el 16 de mayo de 2022, cuando comenzó el actual Estado de Excepción Constitucional, efectivos del Ejército participan de manera permanente en patrullajes, controles y operativos de seguridad en distintos puntos de la región.

Han pasado más de cuatro años desde entonces. En ese período, miles de militares han sido desplegados en rutas, zonas rurales y sectores considerados estratégicos, principalmente en apoyo a las labores desarrolladas por Carabineros y la Policía de Investigaciones.

Más de cuatro años de presencia militar en las rutas de La Araucanía

El despliegue del Ejército se concentra especialmente en sectores rurales y rutas donde se han registrado hechos de violencia.

Los efectivos participan en controles vehiculares, patrullajes preventivos, protección de infraestructura y apoyo logístico a las policías. También cumplen funciones de vigilancia en caminos y sectores donde las condiciones geográficas dificultan la presencia permanente de otros organismos del Estado.

La medida, que originalmente fue presentada como una respuesta excepcional frente al aumento de los hechos de violencia rural, terminó extendiéndose durante varios años.

Así, la presencia de uniformados con vehículos militares y controles en las carreteras pasó a formar parte de la rutina de miles de habitantes de La Araucanía.

1.461 días de despliegue y miles de efectivos movilizados

El paso del tiempo también ha generado un debate sobre la permanencia de esta estrategia.

Para sectores políticos y representantes de la región, el despliegue militar ha contribuido a mejorar las condiciones de seguridad en determinadas zonas. Otros, en cambio, advierten que una medida de carácter excepcional no puede transformarse indefinidamente en una política permanente.

El diputado Stephan Schubert ha defendido la necesidad de mantener herramientas que permitan enfrentar la violencia rural, mientras que Sebastián Naveillán también ha planteado la importancia de mantener una presencia efectiva del Estado en sectores afectados por hechos de violencia.

Más allá de las posiciones políticas, existe una realidad concreta: el Ejército lleva más de cuatro años cumpliendo funciones de apoyo a la seguridad en La Araucanía.

Las cifras detrás de la presencia militar en la Macrozona Sur

El despliegue implica una importante movilización de personal, vehículos, equipamiento y recursos logísticos.

Cada jornada supone patrullajes, desplazamientos por extensas rutas y coordinación permanente con las policías y autoridades civiles.

La geografía regional agrega además una dificultad particular. Grandes extensiones rurales, caminos secundarios y sectores cordilleranos obligan a mantener unidades desplegadas durante largos períodos.

Por eso, la presencia militar no se limita a los principales centros urbanos. También alcanza comunas y localidades rurales donde el acceso y las distancias representan un desafío para las instituciones encargadas de la seguridad.

Una misión que también impacta a las familias de los militares

El debate sobre el despliegue suele concentrarse en sus resultados operativos. Sin embargo, existe otra dimensión menos visible: el impacto que esta misión tiene sobre los propios funcionarios y sus familias.

Los períodos de servicio, los traslados y las jornadas prolongadas forman parte de una dinámica que se mantiene durante meses.

Para los militares desplegados, la misión implica permanecer lejos de sus hogares y enfrentar condiciones distintas a las habituales de sus funciones.

Esa dimensión humana también forma parte de una operación que ya lleva más de cuatro años.

Seguridad rural y el valor de una presencia permanente

Para sus defensores, la presencia militar entrega una capacidad de respuesta que permite reforzar la seguridad en zonas donde las policías necesitan apoyo.

Además, la presencia de efectivos en las rutas genera un efecto preventivo y permite reaccionar ante determinadas situaciones de emergencia.

Sin embargo, la discusión de fondo permanece abierta: ¿cuánto tiempo puede mantenerse un despliegue excepcional antes de convertirse en parte estructural de la política de seguridad?

La pregunta adquiere especial relevancia en una región donde la violencia rural continúa siendo uno de los principales problemas de seguridad y convivencia.

Septiembre y unas Glorias del Ejército que trascienden los desfiles

En septiembre, cuando el país conmemora las Glorias del Ejército, la institución vuelve a ocupar un lugar visible en el espacio público.

Pero en La Araucanía la relación con el Ejército tiene una particularidad.

Mientras en otras regiones su presencia puede asociarse principalmente a ceremonias, desfiles y actividades protocolares, en esta zona miles de efectivos continúan desarrollando labores operativas durante todo el año.

Más de cuatro años después del inicio del Estado de Excepción, el desafío ya no es solamente medir cuánto tiempo permanecerán los militares en las rutas.

También es responder qué condiciones deberán existir para que una medida excepcional pueda finalmente dejar de ser necesaria.

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