El retraso de la PlayStation 6 no respondería a una estrategia de marketing, sino a un obstáculo mucho más terrenal: la escasez y el alto costo de la memoria RAM, presionada por la industria de la inteligencia artificial.
En el mundo del gaming, los rumores suelen aparecer con bombos y platillos: insiders misteriosos, fechas tentativas y especulación a toda máquina. Sin embargo, el posible retraso de la futura PlayStation 6 tendría una explicación menos épica y bastante más incómoda para la industria: el hardware, específicamente la memoria.
Durante las últimas semanas, distintos reportes y análisis han coincidido en una misma alerta. Sony podría tomarse más tiempo antes de lanzar su próxima consola debido al encarecimiento y la baja disponibilidad de componentes clave, en un escenario global dominado por la expansión de la inteligencia artificial.
El cuello de botella no sería creativo, sino logístico
Lejos de una decisión caprichosa, el supuesto retraso de la PS6 estaría vinculado a un problema concreto: la memoria RAM y los SSD se han vuelto recursos cada vez más disputados. La creciente demanda de data centers y sistemas de IA estaría absorbiendo gran parte de la producción mundial de memoria de alto rendimiento.
En términos simples, si fabricar memoria se vuelve más caro y complejo, producir una consola de nueva generación con un salto real de potencia implica un riesgo financiero importante. Sony ya experimentó las consecuencias de los problemas de suministro con la PS5, cuyo lanzamiento estuvo marcado por años de escasez.
La IA empuja, y el gaming queda en la fila
La presión no viene solo del mercado gamer. Grandes empresas tecnológicas están priorizando infraestructura para inteligencia artificial, lo que ha disparado contratos millonarios por chips de memoria. En ese contexto, la electrónica de consumo compite directamente con los servidores.
Desde fines de 2025, fabricantes de PC y ensambladores han advertido alzas relevantes en precios de RAM y almacenamiento, con reportes de incrementos agresivos en módulos DDR5. El escenario para 2026, según analistas, podría ser aún más tenso.
Para una consola como la PS6, esto significa competir no solo con Xbox o el mercado PC, sino con el apetito voraz de los data centers.
Una PS6 necesita justificar su existencia
Más allá del suministro, hay un punto clave: una nueva consola debe ofrecer un salto tecnológico evidente. Lanzar una PS6 demasiado pronto, sin diferencias claras frente a una PS5 Pro, complicaría el relato comercial y la percepción del público.
El factor precio también pesa. Sony ya ha elevado los valores de su línea actual. En 2025, los precios en Estados Unidos situaban la PS5 en 549,99 dólares, la versión Digital en 499,99 y la PS5 Pro en 749,99. Con un hardware más caro por escasez de componentes, una PS6 podría rozar cifras difíciles de justificar para el mercado masivo.
Estirar la generación: una jugada defensiva
Retrasar el lanzamiento tendría ventajas claras para Sony: más tiempo para estabilizar la cadena de suministro, negociar costos y evitar un estreno con stock limitado y precios elevados. Pero también implica riesgos, como prolongar la etapa intergeneracional y empujar a algunos jugadores hacia el PC.
Por ahora, no hay anuncio oficial. Solo señales de mercado, filtraciones y análisis que apuntan en una misma dirección: si la memoria sigue siendo cara y escasa, la PlayStation 6 no solo llegaría más tarde de lo esperado, sino que también podría hacerlo con un precio poco amigable.
