Mauricio Burgos Navarrete
Director carrera Ingeniería en Control de Gestión
Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile, Sede Temuco
El interés, acorde a la Real Academia Española (RAE), plantea en sus acepciones “lucro producido por el capital”, lo que implica una dualidad en los préstamos pues para una parte es un ingreso, en tanto para la otra un costo.
Desde esa mirada, están unidos a recursos provistos por terceros para solventar necesidades de usuarios, o bien como parte de un círculo vicioso de endeudamiento.
Usualmente visibles como porcentaje, hay entes financieros que se refieren a tasa de colocación (créditos) o captación (ahorro). De igual modo, dado que prevalece la demanda de dinero sobre su oferta, los intereses son relevantes. Además, existen varios tipos, por ejemplo, simple, compuesto, nominal y CAE, donde cada uno posee rasgos que obligan a conocerlos, ya que impactan en la cifra a pagar.
En Chile, lo formal tiene un tope a su cobro con la Tasa Máxima Convencional (TMC), que si es superada tipifica un delito, la usura. En el sistema financiero se observan varios oferentes, entre ellos, bancos, factoring y leasing, cada uno con particularidades. No olvidemos los del sector comercial. Del mismo modo, pueden provenir más allá de un préstamo común, como podría ser una tarjeta de crédito, en los que la tasa puede diferir entre entidades y productos de financiamiento. Por ende, cotizar es esencial.
También, se marca un gran contraste al recurrir al mundo formal o informal, pues los costos en este último no solo serán más altos, sino que conllevará otros riesgos. A más deuda se asumirán exigencias y costos más altos, que crecen conforme aumentan los riesgos del usuario.
Igualmente, no son tema sólo de personas o privados, pues además aplica a lo gubernamental. Y en ese ámbito, la noticia que el Fisco por sexto año seguido paga más de lo previsto en intereses (cerca de US$4.000 millones), lo que equivaldría al presupuesto del Ministerio de Obras Públicas, o tres veces el de Desarrollo Social, es significativo.
Así, la forma de pagar un crédito también incide en los costos que se asumen y, por ende, conocer los modos de amortización es básico, ya que, por ejemplo, no es igual asumir un crédito por el método francés o americano, pues en el segundo se pagarán más intereses.
Lo mismo aplica al pago en cuotas, donde se debe definir si proceder bajo modo anticipado o vencido, o bien no tener noción del impacto de diferir el pago de la primera cuota. Así se puede llegar a casos donde sólo se pagan intereses, lo que parecerá raro, pero existen empresas zombis, que son las que sobreviven pagando sólo intereses, pero sin amortizar capital, mostrando estudio del Banco Internacional de Pago (2020) que en 2017 llegaban al 15% de empresas listadas en una muestra de economías avanzadas.
En Chile, resulta familiar el bicicleteo de créditos. Por eso, la educación financiera juega un papel fundamental proporcionando conocimiento y habilidades que permitan discriminar entre actores, roles, productos y costos, entre otros.
La deuda y su carga financiera no son malas; pero deben ser gestionadas con prudencia y responsabilidad, y eso incumbe a una persona, familia, empresa, gobierno u otro. La cultura y responsabilidad financiera es preciso trabajarlas a distintas escalas, dado que las malas decisiones que tomemos hoy impactarán en el futuro, recordándonos que pudimos haberlo hecho mejor. Y particularmente tratándose de un país, los alcances pueden ser mayores, puesto que los eventuales beneficios a obtener en el presente se transformarán en limitaciones o cargas para las próximas generaciones.
