La sanitaria invertirá $180 millones para anticiparse a la escasez hídrica en La Araucanía, en un escenario marcado por el cambio climático, la disminución de reservas de nieve y el riesgo creciente sobre el abastecimiento de agua potable.
La escasez hídrica dejó de ser una amenaza futura para convertirse en un problema estructural. El cambio climático, la alteración de los ciclos de lluvia y la reducción sostenida de las reservas de nieve están tensionando los sistemas de abastecimiento de agua en distintas regiones del país. En este contexto, Aguas Araucanía anunció un plan de inversiones para 2026 que contempla la realización de estudios hidrológicos en 21 localidades de la región, con una inversión cercana a los $180 millones.
El objetivo central de esta iniciativa es evaluar la capacidad real de las fuentes superficiales de agua, medir su confiabilidad en escenarios críticos y definir con anticipación posibles medidas de mitigación o la necesidad de nuevas fuentes de abastecimiento. La estrategia apunta a reducir riesgos de desabastecimiento y fortalecer la planificación hídrica en un territorio especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático.
Cambio climático y menos nieve: la amenaza silenciosa al agua
Uno de los factores clave detrás de esta decisión es la modificación del régimen climático en la zona centro-sur del país. Según explicó Guillermo Carrasco, gerente de Infraestructura de la sanitaria, el aumento de la isoterma 0 —la línea que determina si las precipitaciones caen como nieve o lluvia— está provocando una drástica disminución en la acumulación de nieve en zonas cordilleranas.
“Las tormentas que antes dejaban nieve hoy dejan lluvia líquida. Eso reduce de forma significativa la reserva de agua disponible para los meses secos, cuando históricamente el abastecimiento dependía del deshielo”, advirtió Carrasco.
Esta situación impacta directamente en los valles y zonas urbanas, donde la menor disponibilidad de agua en verano podría generar escenarios de estrés hídrico si no se toman medidas preventivas. La investigación técnica se vuelve, en este escenario, una herramienta clave para anticiparse a crisis mayores.
21 localidades bajo análisis: mediciones en escenarios críticos
Los estudios hidrológicos se desarrollarán en las localidades de Angol, Capitán Pastene, Cherquenco, Collipulli, Curacautín, Galvarino, Gorbea, Lastarria, Lican Ray, Loncoche, Lonquimay, Los Sauces, Mininco, Nueva Toltén, Pucón, Puerto Saavedra, Purén, Quitratúe, Traiguén, Victoria y Villarrica.
El trabajo incluirá la recopilación de antecedentes históricos, revisión de derechos de agua y mediciones de caudal en ríos y cauces, tanto en períodos de crecida como en momentos de estiaje, cuando el caudal alcanza sus niveles más bajos. Estas mediciones permitirán conocer la disponibilidad real del recurso hídrico en condiciones extremas, que son precisamente las más críticas para el abastecimiento de agua potable.
Prevención antes de la crisis: planificación hídrica bajo la lupa
Desde la sanitaria sostienen que estas inversiones buscan minimizar la probabilidad de problemas de suministro en el mediano plazo. Carrasco aseguró que, con la información técnica obtenida y las medidas proyectadas, no existiría evidencia de un riesgo inminente de desabastecimiento para los usuarios.
Sin embargo, el contexto regional obliga a mantener la alerta. La Araucanía combina alta ruralidad, crecimiento urbano y una fuerte dependencia de fuentes superficiales de agua, lo que vuelve indispensable una gestión basada en datos, planificación y prevención.
En un escenario donde el agua comienza a perfilarse como un recurso estratégico y cada vez más escaso, los estudios hidrológicos no solo cumplen una función técnica, sino también una responsabilidad pública: anticiparse a la crisis antes de que el problema llegue a las llaves de los hogares.
