ILUSTRACIÓN - Un golpe puede causar en personas mayores un sangrado debajo de la piel, lo que provoca manchas oscuras, que también pueden convertirse en heridas. Foto: Christin Klose/dpa

Los desgarros cutáneos pueden aparecer por golpes, roces o al retirar adhesivos. Estudios internacionales reportan estas lesiones en hasta el 26% de las personas evaluadas en centros de cuidados de larga duración, mientras especialistas recomiendan reforzar la hidratación y la prevención.


Un golpe contra un mueble, el roce de una prenda o el retiro de una cinta adhesiva pueden provocar una herida en una persona mayor con piel frágil. Aunque el accidente parezca menor, puede ocasionar un desgarro cutáneo, una lesión traumática que rompe la piel y puede dejar tejido parcialmente desprendido o expuesto.

Estas heridas aparecen especialmente en brazos y piernas. También pueden producirse durante actividades cotidianas de cuidado, como ayudar a una persona a vestirse, secarla después del baño o movilizarla.

La magnitud del problema varía según la población estudiada y el entorno de atención. Investigaciones internacionales han reportado prevalencias de entre el 3% y el 26% en centros de cuidados de larga duración, y de entre el 3,3% y el 19,8% en hospitales de atención aguda. Estas cifras corresponden a estudios realizados en distintos países y no constituyen una estimación específica para Chile.

El tema cobra relevancia ante el envejecimiento de la población. Según los datos citados del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en Chile viven 3.665.028 personas de 60 años o más, equivalentes al 19,8% de la población. De ellas, 593.010 tienen 80 años o más.

“Un golpe que en otra persona solo dejaría una marca puede abrir una herida en una piel muy frágil. A veces queda una porción de piel levantada y otras se pierde parte de ella. Por eso, no debemos subestimar una lesión solo porque el golpe fue pequeño”, explica Carolina Saravia, enfermera jefe de Clínica Cath, especializada en el tratamiento avanzado de heridas.

Por qué la piel se vuelve más vulnerable con la edad

Con el envejecimiento, la piel pierde elasticidad, se vuelve más delgada y disminuye su producción de grasa natural. Los vasos sanguíneos también pueden hacerse más frágiles, lo que facilita la aparición de moretones y aumenta la vulnerabilidad frente a golpes y roces.

Por esta razón, las tareas cotidianas de higiene, vestido y movilización requieren especial cuidado. La observación periódica de la piel permite identificar cambios y lesiones, mientras que la adaptación del entorno puede ayudar a reducir los accidentes.

Desde Clínica Cath recomiendan utilizar materiales de curación que protejan la piel y puedan retirarse sin provocar daños adicionales. También aconsejan prestar atención a las zonas más expuestas a la fricción y evitar maniobras bruscas durante el cuidado.

“La prevención comienza en acciones muy simples: cómo ayudamos a alguien a levantarse, cómo lo secamos después del baño o cómo retiramos un apósito. Una piel vulnerable necesita un trato suave. La idea es que las actividades de cuidado protejan a la persona y no terminen provocando otra lesión”, señala Saravia.

Hidratación: una medida que puede reducir las lesiones

La hidratación cutánea es una de las estrategias estudiadas para prevenir los desgarros. Un ensayo clínico publicado en 2014 en la revista International Wound Journal evaluó un programa de hidratación en 14 residencias para personas mayores de Australia.

Durante seis meses, el estudio registró 1.396 desgarros cutáneos en 424 residentes. En el grupo que recibió una crema hidratante sin perfume dos veces al día en las extremidades, la tasa de lesiones fue casi un 50% menor que en el grupo que mantuvo los cuidados habituales.

El resultado respalda la utilidad potencial de incorporar la hidratación a las rutinas de cuidado, aunque no garantiza una reducción equivalente en todas las personas o contextos.

La Academia Estadounidense de Dermatología también recomienda medidas para cuidar la piel seca y sensible, como utilizar agua tibia, limpiadores suaves e hidratantes sin fragancia, además de evitar frotar intensamente.

“La hidratación cutánea debe formar parte del cuidado habitual y ajustarse a las necesidades de cada persona. También es importante revisar el entorno para reducir golpes y explicar a familiares y cuidadores cómo manipular una piel frágil”, agrega la enfermera jefe.

Cuándo prestar atención a una herida

Una lesión pequeña no debe quedar sin seguimiento, especialmente si la persona presenta enfermedades que pueden dificultar la cicatrización o si la herida empeora con el paso de los días.

La evaluación debe considerar cómo se produjo el desgarro, el estado de la piel que permanece adherida y las condiciones generales de salud. La curación debe adaptarse a cada caso para proteger el tejido y evitar nuevas lesiones.

“No basta con mirar el tamaño de la herida. Hay que entender cómo se produjo, observar su evolución y revisar qué factores pueden dificultar la recuperación. Si aumenta el dolor, la lesión empeora o no muestra una evolución favorable, necesita evaluación”, afirma Saravia.

Si se produce un desgarro, conviene evitar frotar la zona o arrancar la piel que permanezca adherida. La herida debe protegerse con cuidado y solicitar orientación sanitaria para determinar la curación apropiada. Si presenta sangrado persistente, enrojecimiento que se extiende, calor local, secreción o dolor creciente, requiere evaluación médica oportuna.

El cuidado de la piel debe formar parte de la atención cotidiana de las personas mayores. Reducir golpes y roces, mantener una hidratación adecuada y consultar a tiempo ante una lesión son medidas que pueden ayudar a prevenir complicaciones y favorecer una recuperación segura.

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